“La chispa femenina” enciende el debate sobre la mujer, los estereotipos y el futuro del cine dominicano
Actrices, directoras, productoras y gestoras culturales plantearon ante estudiantes y profesionales de la industria la necesidad de ampliar las miradas sobre la mujer dominicana en pantalla, romper moldes y transformar también la manera en que el público consume cine.

Santo Domingo.– La representación de la mujer dominicana en el cine, los estereotipos que persisten en la pantalla, el acceso a la industria, la educación cinematográfica y la responsabilidad de quienes producen y consumen películas fueron algunos de los temas que marcaron el conversatorio “SmartTalk: La chispa femenina en el cine dominicano”, celebrado el pasado 19 de septiembre como parte del festival SmartFilms Dominicana 2026.
Ante un nutrido público compuesto por estudiantes, cineastas, profesionales y conocedores de la industria audiovisual, cinco mujeres vinculadas a distintas áreas del cine compartieron experiencias y reflexiones sobre los desafíos que todavía enfrenta la industria para construir representaciones más diversas y cercanas a la realidad dominicana.
El panel estuvo integrado por la actriz y comediante Cheddy García; la directora y cineasta Victoria Linares Villegas; la productora y directora Camila Santana; la cineasta y directora de fotografía Johanné Gómez; y la productora y gestora cultural Caroll Herrera.
Desde diferentes experiencias profesionales, las participantes coincidieron en que hablar de la mujer en el cine implica también preguntarse quién cuenta las historias, quién decide qué llega a las pantallas, quién recibe financiamiento y qué tipo de cine está dispuesto a consumir el público.
¿Qué mujer se está mostrando en pantalla?
Uno de los puntos centrales del encuentro fue la discusión sobre los modelos de mujer que tradicionalmente han predominado en las producciones audiovisuales.
En ese contexto, se cuestionó la representación de mujeres que responden a determinados patrones físicos y comerciales, una realidad que, según lo planteado durante el conversatorio, puede limitar la diversidad de personajes y experiencias femeninas que llegan a la pantalla.
La discusión llevó a una pregunta fundamental: ¿quién determina cómo debe verse y comportarse una mujer dominicana en una película?
Victoria Linares Villegas amplió el debate al señalar que no basta con preguntarse quién hace cine, sino también quién lo consume y desde qué imaginarios lo hace.
“Hay unos imaginarios de lo que la gente espera y hacer toda esa lógica que se creó con el nacimiento del cine, del star system, de quiénes pueden ser estrellas y no, quiénes imaginamos en pantalla, no solamente representa a quién hace una película o a quién la produce, sino también cómo nuestras cabezas están atravesadas por el sistema”.
Para Linares Villegas, las preferencias del público tampoco surgen de manera aislada, sino que están condicionadas por el entorno cultural y por los contenidos que históricamente han tenido mayor exposición.
> “El sistema nos dice cómo deseamos, qué vemos, qué películas consumimos, qué nos parece que está bien y qué no”.
Romper el molde sin perder la conexión con el público
El debate también abordó uno de los grandes dilemas de la industria: cómo ampliar las narrativas sin desconocer las exigencias comerciales.
Las panelistas plantearon que hacer cine diferente no significa necesariamente hacer cine mejor o peor, sino permitir que existan más miradas, historias y formas de representar la realidad.
Linares Villegas llamó la atención sobre la desigualdad en el acceso a las oportunidades dentro de la industria y recordó que no todas las mujeres dominicanas tienen las mismas posibilidades de formarse y desarrollar una carrera cinematográfica.
“¿Cuántas mujeres de este país que viven en Pedernales pueden acceder a estudiar cine y después hacer una película? No”.
La cineasta también defendió la necesidad de crear desde experiencias auténticas y cercanas.
“Para mí crear es un espacio, primero, de libertad, de mucha libertad”.
En su planteamiento, las nuevas narrativas no deben limitarse a sustituir unos estereotipos por otros, sino abrir espacio para historias que nazcan de las experiencias y emociones de quienes las cuentan.
Personajes femeninos sin prejuicios
Otro de los llamados del conversatorio estuvo dirigido a quienes escriben y construyen personajes femeninos.
Las participantes plantearon que representar a una mujer requiere investigación y comprensión de su contexto, evitando construir personajes desde prejuicios o ideas preconcebidas.
Una de las intervenciones resumió esta posición en una recomendación para quienes aspiran a contar historias:
“Si hay alguien aquí que quiere hacer películas, contar historias y retratar mujeres, ya sea un director o una directora, es retratar sin juicio”.
La idea fue acompañada por una reflexión sobre la responsabilidad de los cineastas cuando trabajan con fórmulas comerciales. Incluso dentro de producciones diseñadas para alcanzar grandes audiencias, existe la posibilidad de construir personajes con mayor coherencia y profundidad.
La discusión apuntó a que el cine comercial y el cine de autor no tienen necesariamente que estar enfrentados, sino que pueden existir espacios intermedios donde el entretenimiento también permita ofrecer representaciones más cuidadas y diversas.
El público también forma parte de la industria
Uno de los momentos de mayor intercambio se produjo cuando las panelistas trasladaron parte de la responsabilidad al público.
La pregunta dejó de ser solamente qué cine están produciendo los cineastas y pasó a ser qué cine está escogiendo consumir la sociedad.
Las participantes plantearon que las decisiones frente a una plataforma digital, una sala de cine o una película también tienen consecuencias sobre el tipo de producciones que reciben mayor respaldo.
Sin embargo, durante el debate surgió una posición complementaria: no se puede responsabilizar exclusivamente al público si determinadas películas tienen dificultades para llegar a las salas o carecen de recursos suficientes para promocionarse.
En ese punto se cuestionó la estructura de exhibición y la limitada presencia de determinadas producciones independientes en las carteleras.
Más educación cinematográfica
La conversación tomó entonces otro rumbo: la necesidad de formar espectadores.
Uno de los planteamientos más contundentes fue que la educación cinematográfica debería comenzar desde las escuelas, para que los jóvenes puedan desarrollar herramientas que les permitan comprender y valorar una película más allá de si simplemente les gustó o no.
La propuesta incluye fortalecer la enseñanza sobre lenguaje cinematográfico, fotografía, actuación, narrativa y crítica de cine, además de aprovechar espacios como la Cinemateca y los cineclubes.
La reflexión fue directa:
“Desde las escuelas deberíamos tener un programa, un currículum escolar en donde se eduque para el cine”.
Las participantes también señalaron que el problema de la exhibición no puede desligarse de esta discusión. Si las audiencias no tienen acceso a una diversidad de propuestas, difícilmente podrán desarrollar hábitos de consumo diferentes.
¿Qué significa ser una mujer dominicana?
Quizás una de las reflexiones más profundas del encuentro surgió al cuestionar la propia definición de identidad dominicana.
Una de las panelistas planteó: “Yo no sé lo que es una mujer dominicana”.
La frase abrió una discusión sobre la tendencia a encapsular la identidad nacional dentro de determinados personajes, comportamientos o situaciones que terminan convirtiéndose en fórmulas repetidas.
La respuesta fue que la realidad dominicana es mucho más amplia y diversa.
La mujer que aparece en pantalla puede ser profesional, madre, estudiante, artista, trabajadora, empresaria, campesina, residente de una gran ciudad o de una comunidad fronteriza. Cada una tiene experiencias diferentes y, por tanto, también historias distintas que contar.
En ese sentido, la discusión reclamó un cine capaz de mostrar la cotidianidad, las contradicciones, los conflictos y la diversidad de las mujeres dominicanas, sin reducirlas a un personaje cliché.
Cheddy García: una carrera marcada por los desafíos
Desde su experiencia como actriz y comediante, Cheddy García compartió una de las intervenciones más personales del conversatorio al recordar las dificultades que enfrentó cuando decidió pasar de la televisión y la comedia al cine.
Explicó que tuvo que demostrar sus capacidades como actriz y enfrentar cuestionamientos por venir de un ámbito distinto.
“Me costó demostrar al triple como actriz para que me pudieran digerir y tener un poquito de respeto”.
García también destacó las dificultades particulares que enfrentan las mujeres que trabajan en la industria audiovisual, especialmente aquellas que tienen hijos y responsabilidades familiares.
“Tengo mucho respeto y mucha admiración por todas las mujeres dominicanas que hacen cine”.
Su reflexión puso sobre la mesa una realidad que trasciende las cámaras: muchas mujeres deben conciliar largas jornadas de filmación con responsabilidades familiares y personales.
Una industria que busca nuevas miradas
Al cierre del encuentro quedó sobre la mesa una conclusión compartida: la transformación del cine dominicano no depende únicamente de aumentar la presencia de mujeres detrás de las cámaras.
También requiere ampliar las historias, diversificar los personajes, facilitar el acceso a la formación, mejorar las condiciones de exhibición, fortalecer la educación cinematográfica y desarrollar un público capaz de acercarse a propuestas diferentes.
La llamada “chispa femenina” terminó siendo, por tanto, mucho más que una conversación sobre mujeres.
Fue una discusión sobre qué país se representa en las pantallas, quién tiene la oportunidad de contarlo y qué sociedad se está formando a través de las historias que consume.
Y ante un auditorio integrado por estudiantes y representantes de la industria, el mensaje quedó planteado como un desafío para las nuevas generaciones: atreverse a contar otras historias, mirar más allá de los moldes y entender que el cine dominicano también puede crecer cuando amplía las voces que lo construyen.
Esta versión prioriza las declaraciones más sólidas del conversatorio y evita cargar el texto con todas las intervenciones, para que funcione como una crónica periodística y no como una transcripción del panel.

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