Claudia Agramonte: «Cada persona comunica diferente; por eso, su entrenamiento también debe serlo»
La comunicadora, consultora y formadora apuesta por una enseñanza cada vez más personalizada. Su trabajo abarca comunicación estratégica, oratoria, comunicación interna, relaciones públicas, comunicación corporativa y formación de voceros. De esa experiencia nace el Método IDEA: Identificación, Diseño, Entrenamiento y Aplicación.

David Ruiz
Para Claudia Agramonte, enseñar a comunicar nunca ha consistido únicamente en corregir una postura, mejorar la dicción o aprender a desenvolverse frente a un público. Después de años trabajando con profesionales, ejecutivos, instituciones, estudiantes y personas con perfiles muy distintos, ha confirmado algo que hoy constituye una de las bases de su trabajo: cada persona necesita ser observada, comprendida y entrenada desde su propia realidad.
Periodista, consultora en comunicación estratégica, conferencista y docente, Agramonte ha desarrollado su carrera entre la comunicación corporativa, las relaciones públicas, la comunicación interna, la gestión de crisis, la comunicación digital y la formación en oratoria y vocería.
Ese cruce entre experiencia profesional y docencia le ha permitido mirar la comunicación desde dos perspectivas: la estrategia de las organizaciones y el comportamiento de las personas que deben representar, explicar, liderar o defender esas estrategias.
De ahí surge el Método IDEA, una metodología propia basada en cuatro etapas: Identificación, Diseño, Entrenamiento y Aplicación.

-¿Por qué desarrollar un método propio?
Porque con el tiempo entendí que no puedo entrenar a todas las personas de la misma manera. Podemos enseñar técnicas generales, por supuesto, pero llega un momento en que el verdadero avance ocurre cuando observas a la persona que tienes delante.
¿Cómo estructura sus ideas? ¿Es clara? ¿Se extiende demasiado? ¿Su cuerpo contradice lo que está diciendo? ¿Tiene una buena voz, pero poca seguridad? ¿Domina técnicamente su área, pero le cuesta explicarla? ¿Tiene presencia, pero su mensaje carece de estructura?
Antes de enseñar, necesito identificar.
De ahí nace IDEA.
-¿En qué consiste exactamente el Método IDEA?
La primera fase es la Identificación. Analizamos cómo comunica la persona, sus fortalezas, las brechas que presenta y las situaciones en las que necesita desenvolverse.
Después viene el Diseño. No todo el mundo necesita trabajar lo mismo ni con la misma intensidad. A partir de ese diagnóstico se establece una ruta específica.
La tercera fase es el Entrenamiento. Ahí trabajamos técnicas, practicamos, corregimos y repetimos. Analizamos lenguaje verbal y no verbal, voz, claridad, capacidad de síntesis, estructura del mensaje, seguridad, presencia y conexión.
Y finalmente está la Aplicación, que para mí es fundamental. Lo aprendido debe trasladarse a escenarios reales: una entrevista, una reunión de negocios, una presentación, un discurso político, una conferencia de prensa, una negociación, una intervención ante una junta directiva o una conversación difícil.
Identificamos lo que necesitas. Diseñamos cómo fortalecerlo. Entrenamos tus habilidades. Aplicamos lo aprendido.
-Entonces, ¿su formación se aleja del modelo tradicional de comunicación?
La técnica sigue siendo importante. Yo enseño técnica y soy muy rigurosa con ella. Pero comunicar bien es mucho más que conocer dónde colocar las manos o hacer correctamente una pausa.

Me interesa la persona completa.
Puedo tener frente a mí a alguien con una excelente dicción que no logra organizar una idea. Otro puede estructurar magníficamente su pensamiento, pero su lenguaje corporal transmite inseguridad. Alguien puede tener conocimientos extraordinarios y no saber convertirlos en un mensaje comprensible para su audiencia.
Por eso observo contenido, forma, intención y comportamiento.
No busco fabricar personas que hablen todas iguales. Quiero que cada participante encuentre una manera de comunicar mejor sin perder su identidad.
¿Hay una dimensión muy humana en esa forma de enseñar?
Necesariamente.
Comunicar es profundamente humano. Trabajamos con personas, no con máquinas de producir discursos.
Hay gente que llega con miedo. Personas que durante años han pensado que no saben hablar, que su voz no es suficientemente buena o que otras personas tienen más derecho a ocupar determinados espacios. Hay profesionales brillantísimos que frente a un micrófono se bloquean.
Antes de exigirles perfección, hay que entender qué está ocurriendo.
Por eso en mis procesos de formación trabajo mucho la seguridad y la autoconfianza. Una técnica puede perfeccionarse; pero si la persona continúa creyendo que su voz no tiene valor, tenemos un problema mucho más profundo que una pausa mal colocada.
—Su experiencia no se limita a la formación en oratoria.
No. Y creo que precisamente esa combinación ha enriquecido muchísimo mi manera de enseñar.
Trabajo comunicación estratégica organizacional, comunicación corporativa, comunicación interna, relaciones públicas, comunicación digital, gestión de crisis y formación de voceros. Eso significa que cuando entreno a un profesional no observo únicamente cómo habla.
Pienso en el contexto.
¿Qué representa esa persona? ¿A qué organización pertenece? ¿Quién es su audiencia? ¿Qué efecto puede producir una declaración? ¿Cuál es el mensaje institucional? ¿Existe coherencia entre lo que dice el vocero y lo que hace la organización?
La comunicación individual y la comunicación organizacional están mucho más conectadas de lo que solemos pensar.
—¿Qué papel ocupa la comunicación interna dentro de esa visión?
Uno enorme.
A veces las organizaciones están obsesionadas con comunicar hacia fuera y olvidan que tienen cientos o miles de personas dentro interpretando diariamente sus decisiones.
Una organización puede invertir muchísimo en reputación y tener colaboradores que desconocen sus prioridades, reciben informaciones contradictorias o se enteran por terceros de decisiones que les afectan.
La comunicación interna necesita estrategia, escucha, claridad, buenos canales y, sobre todo, coherencia.
No se trata de llenar el correo electrónico de comunicados. Se trata de construir comprensión y sentido.
—¿Y las relaciones públicas?
Las relaciones públicas siguen siendo esenciales, pero han evolucionado muchísimo.
Hoy la reputación se construye en un ecosistema donde conviven medios tradicionales, plataformas digitales, colaboradores, clientes, comunidades, líderes de opinión y ciudadanos que pueden convertirse inmediatamente en emisores.
Eso obliga a las organizaciones a ser mucho más conscientes de cómo construyen relaciones y confianza.
Para mí, unas buenas relaciones públicas parten de algo bastante básico: comprender a las personas con las que necesitas relacionarte antes de comenzar a hablarles.
—¿Qué diferencia existe entre hablar bien y comunicar estratégicamente?
Puedes hablar maravillosamente y comunicar muy poco.
Comunicar estratégicamente implica saber qué quieres conseguir, con quién estás hablando, qué necesita comprender esa persona y cuál es la mejor manera de construir ese mensaje.

Por eso insisto tanto en la estructuración de las ideas.
Muchas dificultades que atribuimos a la oratoria comienzan antes de abrir la boca. Si la persona no tiene claro qué quiere decir, ninguna técnica vocal puede resolverlo completamente.
La primera pregunta siempre debería ser: ¿cuál es mi gran idea?
Después trabajamos cómo expresarla.
—¿Hacia dónde está llevando actualmente esa metodología?
Hacia entrenamientos cada vez más especializados y personalizados.
Estoy diseñando formatos intensivos para grupos pequeños, porque quiero observar realmente a cada participante, diagnosticarlo y trabajar sobre sus necesidades concretas.
Un líder empresarial no enfrenta los mismos escenarios que un político. Un vocero institucional tiene exigencias distintas a las de un vendedor. Un conferencista necesita desarrollar competencias que probablemente un ejecutivo que presenta ante una junta directiva utilizará de otra manera.
La técnica se adapta al contexto.
El Método IDEA me permite conservar una estructura metodológica y, al mismo tiempo, personalizar el proceso.
—Después de tantos años dedicada a la comunicación, ¿qué sigue despertando su interés?
Las personas.
Todavía me parece fascinante observar cómo alguien puede transformar su manera de comunicarse cuando comprende mejor sus propias capacidades.
Me gusta la estrategia, analizar organizaciones, construir mensajes y trabajar escenarios complejos. Pero enseñar me permite ver la transformación de cerca.
Ese momento en que una persona que dudaba comienza a expresarse con seguridad, estructura mejor sus ideas y descubre que puede ocupar su espacio sin tener que convertirse en alguien diferente tiene muchísimo valor para mí.
Al final, eso resume bastante bien mi manera de entender esta profesión: comunicar mejor no significa dejar de ser quien eres. Significa aprender a expresar con mayor claridad, seguridad y propósito todo lo que ya tienes para aportar.
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