De la hoja al puro: el arte que se construye con las manos
Desde la selección de la hoja hasta la capa final, cada puro artesanal pasa por las manos de trabajadores que convierten el tabaco dominicano en una pieza terminada.

Elaborar un puro artesanal no es simplemente enrollar una hoja de tabaco. Es un proceso que comienza mucho antes de llegar a la mesa del tabaquero y que requiere conocimiento, precisión y experiencia.
Así lo explica Estefanía Sánchez, representante de Tabacalera Cremo, al describir paso a paso cómo una hoja de tabaco termina convertida en un puro elaborado completamente a mano.
El proceso comienza con la selección de las hojas, tomando en cuenta sus características y condiciones. De una misma planta pueden aprovecharse diferentes partes para conformar la mezcla que finalmente dará cuerpo y carácter al puro.
“Primero seleccionamos las hojas. Luego hacemos el empuñe, que es cuando colocamos la tripa o relleno del puro”, explica Sánchez al describir una de las primeras etapas de elaboración.
Después viene el capote, una hoja que sirve para envolver y mantener unido el relleno. Sánchez señala que este paso es fundamental antes de colocar la capa exterior.
“Luego colocamos el capote, que es la primera capa que lleva el puro”, explica.
El siguiente paso corresponde a la capa o capa exterior, la hoja que dará la apariencia definitiva al cigarro y que también forma parte de su experiencia aromática y de sabor.
“Después viene la capa, que es la hoja que va por fuera y que le da ese acabado al puro”, detalla la representante de Tabacalera Cremo.
Una vez terminado el enrollado, el trabajo continúa con los detalles finales: se revisa la forma, se realiza el corte correspondiente y finalmente se coloca la banda que identifica el producto.
El resultado es un puro elaborado manualmente, donde cada etapa depende de la habilidad de quien lo confecciona.

Sánchez destaca que el proceso no termina simplemente con darle forma al tabaco. Detrás de cada pieza existe una combinación de hojas seleccionadas para conseguir determinadas características y perfiles.
En los puros pueden encontrarse notas que recuerdan al cacao, café, frutos secos o madera, dependiendo de la combinación de hojas y del proceso utilizado.
La elaboración artesanal forma parte de una tradición profundamente vinculada al tabaco dominicano. Fuentes sobre la cultura tabacalera del país destacan que este oficio se ha transmitido durante generaciones y que los artesanos prestan especial atención desde la selección de las hojas hasta la elaboración y el añejamiento.
En Tabacalera Cremo, esta tradición también se presenta como una combinación entre el tabaco cultivado en República Dominicana y una técnica artesanal asociada a la escuela cubana, llevada a cabo por manos expertas.
“Es tabaco dominicano hecho al estilo cubano”, resume Sánchez al referirse a la identidad del producto.
Así, entre hojas, manos y herramientas sencillas, el tabaco va tomando forma hasta convertirse en un producto terminado que lleva detrás horas de trabajo y conocimiento artesanal.
Porque antes de ser un puro, fue una hoja. Y antes de llegar al consumidor, pasó por las manos de quien conoce el tabaco, sabe cómo trabajarlo y entiende que cada detalle puede marcar la diferencia.
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