¿Quién fue? ¿Qué hizo el monseñor Antonio Camilo?
A lo largo de sus más de 60 años de sacerdocio, su lema episcopal fue “Vence el mal a fuerza del bien” (frase de San Pablo). En diciembre de 1974 se graduó de paracaidista militar. Era cooperativista

José Rafael Sosa
LA VEGA. La noticia sobre la partida del monseñor Antonio Camilo González (1938-2026), obispo emérito de La Vega, ha impactado a quienes le conocieron y respetaron, debido a que se trata de uno de los pastores más queridos y respetados de la Iglesia católica dominicana. Monseñor Antonio Camilo falleció a los 88 años de edad en Santiago de los Caballeros, tras una vida íntegra y consagrada.
Su vida encarnó un firme compromiso social, una profunda vocación de servicio y una defensa inquebrantable de la creación y los recursos naturales de la República Dominicana.
Página de Instagram. https://www.instagram.com/lavozdelobispo/
“Quien se ha ido, dejándonos el recuerdo de sus valientes posturas cristianas en favor de los sectores más vulnerables, es un alma grande, un prelado de la Iglesia que fue ejemplo de compromiso y militancia por la vida”, dijo Yanio Concepción, presidente ejecutivo de la Cooperativa Vega Real, empresa social a la cual el monseñor Camilo respaldó en sus luchas, en especial las sociales y medioambientales.
El monseñor Camilo unió de forma indisoluble la fe cristiana, los valores de solidaridad de la doctrina cooperativa y el activismo social en favor de la tierra dominicana.
Nació el 7 de febrero de 1938 en Ojo de Agua, Salcedo, hijo de Antonio Camilo Pantaleón y Caridad González Garrido, y comparte lazos de parentesco con las heroínas nacionales, las Hermanas Mirabal.
A los 10 años ingresó en el Preseminario Padre Fantino del Santo Cerro en La Vega y continuó su formación en el Seminario Santo Tomás de Aquino en Santo Domingo. Completó sus estudios de Filosofía en Buenos Aires (Argentina) y su formación teológica en España (Sevilla, Huelva y Salamanca) antes de regresar a su tierra natal en 1961.
Fue ordenado sacerdote el 1 de julio de 1962 por el monseñor Octavio Antonio Beras Rojas.
Un dato singular de su trayectoria es que en 1974 se convirtió en el primer sacerdote dominicano en graduarse de paracaidista en la Fuerza Aérea Dominicana mientras ejercía como párroco de San Isidro.
El 10 de octubre de 1992, el Papa Juan Pablo II lo nombró tercer obispo de la Diócesis de La Vega, labor que desempeñó con entrega hasta su retiro en 2015, pasando a ser obispo emérito.
A lo largo de sus más de 60 años de sacerdocio, su lema episcopal fue “Vence el mal a fuerza del bien” (frase de San Pablo), la cual rigió su decidida inclinación a socorrer a los más desfavorecidos:
Ordenación presbiteral 1962 – 1971
Se desempeñó como vicario cooperador de la Parroquia Santo Cura de Ars en Santo Domingo y fue cofundador de los Cursillos de Vida.
Paracaidismo y formación en seminarios: 1971 – 1975
Ejerció como vicerrector y prefecto general del Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino.
En diciembre de 1974 se graduó de paracaidista militar, desempeñándose además como capellán mayor de la Fuerza Aérea Dominicana.
Labor social en Cambita y Baní: 1975 – 1982
Como párroco de la Parroquia Nuestra Señora de Regla en Baní (1977-1982), se integró activamente a la comunidad y formó parte del Comité Fundador del Hogar de Ancianos de Baní.
Educación y Dirección Pastoral: 1982 – 1992
En 1983, párroco en Bayaguana y profesor de Letras en la Universidad Central del Este. En 1984 asumió la dirección del Instituto Nacional de Pastoral y en 1988 fue nombrado vicario general del Arzobispado de Santo Domingo. En 1987 fue distinguido como capellán de honor de Su Santidad.
Obispado de La Vega y Proyección Cultural: 1992 – 2015
Consagrado obispo de La Vega el 8 de diciembre de 1992. Desde allí impulsó una fuerte labor en favor del cooperativismo, la educación (recibiendo años más tarde un doctorado honoris causa por la UCATECI) y fundó el espacio de televisión La Voz del Obispo en 2009.
El monseñor Antonio Camilo fue una de las voces morales más potentes del país en la lucha por la preservación de los recursos naturales. Su vinculación histórica con la Cooperativa Vega Real consolidó un frente común indisoluble en favor de la ecología de la región del Cibao.
Alianza e identidad con las grandes causas ambientales:
● El "Padre Nuestro de la Naturaleza": Durante la XXXI Asamblea General de delegados de la Cooperativa Vega Real (la cual le fue dedicada íntegramente en honor a sus bodas de oro sacerdotales), el Monseñor Camilo conmovió al cooperativismo adaptando la oración cristiana a un clamor ecológico, incluyendo versos que imploraban: “Perdona nuestra irresponsabilidad al no cuidar de la tierra que nos has dado”.
● La defensa feroz de Loma Miranda: Junto a los directivos de Vega Real y múltiples organizaciones civiles, lideró marchas, misas y vigilias-conciertos frente a la Catedral Inmaculada Concepción exigiendo que Loma Miranda fuera declarada Parque Nacional.
Dejó para la historia consignas memorables en favor de la soberanía ecológica: “Sin agua no podemos vivir, pero sin oro, plata o níquel sí podemos vivir, porque el oro, la plata y el níquel no se comen”. Mons. Camilo.
● Presión institucional en el Senado: En un hecho histórico, el monseñor Camilo, respaldado por la militancia social de Vega Real y acompañado de más de 60 sacerdotes de su diócesis, acudió directamente al Senado de la República Dominicana para entregar un manifiesto formal exigiendo detener los planes de explotación minera en las fuentes acuíferas que surten a las futuras generaciones.
● Denuncia de la deforestación y los ríos del Cibao: En diversos foros y congresos ambientales organizados por la Cooperativa Vega Real, alzó su voz frente a ministros y autoridades para denunciar el progresivo agotamiento y contaminación de las cuencas de los ríos Camú, Jima y Cenoví, convirtiéndose en el gran "guardián de las aguas" del Valle de la Vega Real.
Legado inmortal de un pastor eterno
La partida física de monseñor Antonio Camilo González no representa el final de su camino, sino la siembra definitiva de un árbol gigante cuya sombra seguirá cobijando el porvenir de la patria.
El "guardián de las aguas" no se ha marchado; su voz firme, que resonó en los altares, en el Senado y a los pies de Loma Miranda, se diluye ahora de forma eterna en el fluir del río Camú, en el susurro de los vientos del Cibao y en la conciencia despierta de un pueblo que aprendió de él a defender la tierra sagrada.
Nos queda la memoria viva de un hombre excepcional que supo ser a la vez pastor y soldado del bien; un alma valiente que no dudó en lanzarse del cielo como paracaidista para servir a su patria, ni en descender a los caminos de los marginados para levantar su dignidad.
Su lema: “Vence el mal a fuerza del bien”, queda esculpido como un mandato moral para las presentes y futuras generaciones.
La Vega, el cooperativismo nacional y la República Dominicana entera despiden con profundo dolor a su gran obispo, pero celebran con el alma agradecida una existencia luminosa, pulcra e inquebrantable. Que la tierra que tanto defendió le sea leve, y que su ejemplo de fe militante y amor por la creación continúe floreciendo en cada rincón del suelo dominicano. ¡Hasta siempre, Monseñor Antonio Camilo, pastor de la tierra, ¡la vida y la justicia!




