EL ORGULLO Y LA NECESIDAD DE GANAR
No todas las discusiones merecen ser ganadas, ni toda victoria vale lo que cuesta.

Hay personas que prefieren perder una relación antes que reconocer que se equivocaron. Discuten hasta agotar al otro y confunden tener la última palabra con tener la razón.
El problema no es querer ganar, sino necesitar hacerlo incluso a costa de nuestros vínculos y de la verdad. El orgullo nos lleva a defender posturas que ya no tienen sentido, porque admitir un error nos parece una derrota.
Pero ¿desde cuándo reconocer una equivocación nos hace inferiores?
La Biblia nos advierte: «Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu» (Proverbios 16:18, RVR1960).
La soberbia no siempre se manifiesta con arrogancia. A veces se esconde detrás de un carácter que no admite correcciones y de la necesidad constante de demostrar que tenemos razón.
No todas las discusiones merecen ser ganadas, ni toda victoria vale lo que cuesta.
Madurar también significa escuchar, reconocer los errores y tener la humildad de decir: «Me equivoqué».
Porque si para ganar una discusión tienes que sacrificar una relación o renunciar a la verdad, quizá ganaste el argumento, pero perdiste algo mucho más importante.
¡CAFECITO! ☕
Cristina B. Drew
Un Cafecito con Cristina




