LA DISTANCIA ENTRE LO QUE CREEMOS Y LO QUE HACEMOS
La fe no se trata solo de lo que decimos creer, sino de cómo actuamos en la vida diaria, especialmente cuando nadie nos está mirando.

Es fácil hablar de valores y principios cuando todo marcha bien. La verdadera prueba llega cuando hacer lo correcto nos incomoda o puede costarnos algo.
Decimos que valoramos la honestidad, pero callamos para evitar problemas. Hablamos de amor, pero respondemos mal cuando alguien piensa diferente. Defendemos la humildad, pero nos cuesta admitir que nos equivocamos.
A veces sabemos qué debemos hacer y, aun así, elegimos lo más cómodo. Después buscamos excusas para justificar nuestras decisiones, en lugar de reconocer que necesitamos cambiar.
La Biblia nos recuerda:
«Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos».
Santiago 1:22 (RVR1960)
La fe no se trata solo de lo que decimos creer, sino de cómo actuamos en la vida diaria, especialmente cuando nadie nos está mirando.
Pregúntate con sinceridad: ¿mis acciones reflejan lo que digo creer?
No se trata de ser perfectos, sino de reconocer cuando fallamos y tener la disposición de corregir el rumbo. Porque nuestras convicciones no se demuestran con discursos, sino con las decisiones que tomamos cada día.
¡CAFECITO! ☕
Cristina B. Drew
Un Cafecito con Cristina




